¡¡¡Y de repente llegaste tú!!!

¿Quién no ha vivido la experiencia de enamorarse? con mejores o peores resultados todos hemos sentido esa fuerza de atracción centrípeta y la relativización del mundo, hasta el tiempo se para. Estamos atrapados en una tormenta de neurotransmisores que no vuelve locos.

Es cierto que amar es algo innato en el ser humano, y que desde que se descubrió el amor romántico la vida ya no es la misma, pero ¿qué pasa en nosotros para que hasta nuestras necesidades mas básicas como alimentarnos, dormir, o ponernos un par de calcetines iguales se trastoque por esa persona que de repente (o no) irrumpe en nuestra vida?

¡Pues simplemente un flechazo!

Según el Doctor Freud, todos tenemos un patrón de belleza ideal, configurado a partir de nuestras experiencias infantiles, y cuando alguien nos sonríe como aquel compañero de clase tan encantador o nos ignora como la hija de la vecina que nos volvía loco en nuestra adolescencia, revivimos ese deseo prototípico y nos sentimos atraídos. Herr Doktor incluía en estos perfiles de belleza los rasgos de los progenitores, pero del Edipo hablaremos otro día.

¿Por qué no nos damos cuenta que nuestra memoria nos esta haciendo el lio?, simplemente porque no nos enteramos, el tiempo medio en sentirnos enamorados es de 0,5 segundos, que es lo que necesita el cerebro para poder liberar las moléculas neurotransmisoras que generan las distintas respuestas emocionales (sonrojarse o reírse tontorronamente).

Eso es solo el comienzo, la subida de dopamina, provoca la focalización de nuestra atención (en esa persona), además de insomnio, euforia y exaltación. La noradrenalina, en niveles altos ayuda a recordar los momentos felices y provoca alteraciones relacionadas con la percepción y eso explica que veamos a nuestro amor como un ser sobrenatural y que los demás nos vean como ausentes.

Para completar el movimiento envolvente, los núcleos asociados a las emociones desagradables dejan de funcionar, por lo que vivimos flotando en un mundo idílico que solo se nubla cuando nos separamos de nuestro objeto de deseo que nos hace caer en una ciénaga de dolor y sufrimiento que solo se supera con el reencuentro.

Esto no dura para toda la vida. Como si de una droga se tratara, cada vez necesitamos mas de la otra persona para subir nuestros niveles de transmisores y al final por mucho que nos sonría o ignore, dejaremos de sentir algo especial (pasando a sentir amistad, cariño, aburrimiento, etc.). Los neurólogos calculan que ese periodo dura entre siete meses y dos años y medio, y si hemos entablado una relación sentimental entre cinco y siete años, luego dependerá de los vínculos emocionales que hayamos construido. Pero cuidado con el amor no correspondido…, ese dura para toda la vida.

¿Entonces estoy encima de un caballo que puede desbocarse en cualquier momento?. Evidentemente no, el amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un «estar continuado», no un «súbito arranque».

En el sentido más general, amar es fundamentalmente dar, no recibir y ahí es donde tenemos que tomar una decisión, elegir entre:

dejarse llevar o…ser consecuente

seguir intentándolo con ese perfil de parejas que no cuajan o… buscar algo más

acorde, racional y vinculado a mis gustos.

La elección siempre la tienes tú.

Lazos, Centro de Relaciones Humanas

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