¿Es el verano la estación del amor?

¿Quién no se acuerda de aquel amor de verano, el del pueblo, cuando éramos adolescentes? o, ¿esa pasión con la luna como único testigo de aquellas vacaciones en esa ciudad que ya no me acuerdo de mucho más?

Severo Ochoa decía que “el amor es la fundición de la física y la química” y si como recientes investigaciones han comprobado que ellos se enamoran por los ojos…ellas por el oído…y ambos por el olor…, en la época estival, nuestros cuerpos se enseñan más, los colores de nuestras ropas, el bronceado, el bañador, el tiempo de tertulias hasta últimas horas de la noche son incentivos que despiertan nuestras fantasías sexuales, exaltan nuestros sentidos…

Si a esto unimos que también en verano y por el aumento de la luz la serotonina y la dopamina, neurotransmisores que tienen que ver bastante con la euforia junto con la testosterona aumentan notablemente en nuestros cerebros, se podría concluir que en esa época del año se da el cóctel perfecto para que las relaciones fluyan, los cuerpos se desinhiban, se disfrute del sexo, que a su vez libera oxitocina que fortalece los lazos emocionales entre los amantes. ..y por tanto que el verano es la época del amor…

PERO,

A pesar de todas las canciones del verano y de los datos arriba expuestos podemos concluir que esa sensación es un espejismo que tiene más de mito que de realidad, ya que si tenemos en cuenta los datos objetivos de por ejemplo, nacimientos en nuestro país, el mayor número de bebes nace en octubre y después en septiembre, con lo cual en invierno se concibe más.

ENTONCES,

¿Por qué tenemos esa sensación de que es en verano cuando nos enamoramos? Porque las emociones placenteras y el deseo sexual encuentran su estación propicia, porque dejamos de lado el estrés, porque a nivel hormonal también experimentamos cambios y…

SOBRETODO

Porque la mayor parte de las relaciones que tenemos en esa época sólo excitan, promueven el deseo y se consuman en acciones eróticas, pero no se consolidan, ni entran en monotonía y por lo tanto no hay desgaste…por eso se recuerdan. Son relaciones pasajeras pero intensas, en un viaje…, en unas vacaciones…., en unas fiestas patronales…., luego cada amante vuelve a su invierno particular, y aquí un consejo,

En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible” (Camús)

Alicia.

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