El primer hijo, cómo afecta a la relación de pareja

– ¿Sabes por qué me he decidido a venir a Lazos? Porque quiero ser madre. Tengo casi 38 años y deseo encontrar pareja y formar una familia. Aquí voy a conocer gente seleccionada y no voy a perder el tiempo. Y la verdad…, no quiero ser madre soltera- , me dice María mientras me mira y sonríe

– Está bien, la digo, ese es un motivo muy habitual entre nuestras jóvenes clientas

– Lo sé…, una amiga que tiene una pareja estupenda me recomendó venir y ¿sabes una cosa? Creo que ambas sabemos de quien hablo, me dice María guiñándome un ojo

(Historias de una agencia matrimonial, Lazos)

Con la llegada del primer hijo, ¿hay cambios en la relación de pareja? ¿Son positivos? ¿Cómo afecta realmente a la relación?

Desde el momento en que la pareja “se embaraza” la forma de afrontar esa maternidad y paternidad depende de varias variables.

Entre otras podemos constatar como muy importantes:
– A nivel psicológico influye la forma en la que cada uno de ellos ha aprendido y desarrollado con sus respectivas familias la manera de afrontar sus necesidades emocionales y comunicativas,
– El estado del que parte la pareja. Cómo está su relación y cómo actúan generalmente ante nuevas situaciones o problemas en la misma. No es lo mismo que el embarazarse sea algo deseado por ambos como parte de su proyecto de vida en común, que algo para solucionar un problema de pareja tipo “o tenemos un hijo o nos divorciamos”, es decir, como una forma de solucionar una ruptura inminente. Y no es lo mismo un embarazo deseado que uno por sorpresa.
– También hay que tener en cuenta los recursos económicos y de apoyo social (familiar y del entorno) que pueda tener la pareja en el momento de que el niño aparezca en sus vidas.

Si nos centramos en la situación ideal de una pareja joven que espera su primer hijo,

una pareja sin problemas, enamorada y con mucha ilusión en que nazca lo que ellos entienden como fruto de su amor, los diversos estudios nos muestran que se produce un cambio en la relación de la pareja constatable e importante.
En las investigaciones que se realizan sobre este tema parece que hay una mayor sensibilidad de la madre en percibir esos cambios en la relación, también puede ser por el papel protagonista que tiene en el cuidado y crianza del bebé.
Los cambios que los cónyuges perciben van en la misma línea, es decir, ambos los perciben como negativos o ambos los perciben como positivos.
Lo que parece es que en la mayoría de las parejas el cambio en la relación de la pareja se percibe como positivo, se enriquece la relación con más confianza, complicidad y comprensión y el bebé crea en los padres un vínculo más fuerte de amor. A pesar de esto las parejas también perciben aspectos negativos como preocupaciones o temores en relación con la salud y crianza del bebé, sentimientos de gran responsabilidad y un cansancio físico que hace que disminuya también su vida sexual, su intimidad.

Y ¿qué pasa con las familias? ,

Parece ser que las familias también se unen más alrededor de la pareja ayudando en la crianza del bebé y teniendo mayor relación con los padres. Las relaciones con la familia extensa se activan, son más frecuentes y suelen ser enriquecedoras para la pareja, fuente de apoyo a nivel emocional y material.

Podemos indicar aspectos a tener en cuenta para que la relación de pareja se fortalezca ante esta nueva situación:

– Ya desde el momento de embarazo hay que tener en cuenta el papel del padre. Tradicionalmente la sociedad y la familia se centran en la mujer gestante, pero las emociones de emociones de ansiedad, dudas y miedos también las experimentan los hombres. La pareja debe vivir el embarazo en común fortaleciendo los lazos de la comunicación y compartiendo sus temores e ilusiones, deben vivir todas las etapas del embarazo juntos. La pareja es el mejor apoyo para la futura madre.
– Una vez el bebé ha nacido hay que ser conscientes de que ambos tenemos que cambiar aspectos de nuestro estilo de vida. Hay que centrarse en la crianza y el cuidado del bebé y eso conlleva rutinas, horarios y planificación que harán que sea todo mucho más fácil para tener tiempo libre para la intimidad de la pareja. Nuestra vida debe girar alrededor del niño no alrededor de nuestros deseos. Los lazos con el exterior deben estar en función de las necesidades del menor, no adaptarlo a nuestras necesidades o estilo de vida anterior.
– El reparto de tareas e involucrarse en la crianza ambos miembros de la pareja es necesario. Los niños no vienen con un manual bajo el brazo, con lo cual debemos pedir ayuda a nuestra pareja cuando no podemos más, debemos compartir nuestros miedos y ansiedades y por supuesto también nuestros deseos sobre nuestro hijo. Seamos generosos y comprensivos con el otro y añadamos un toque de humor en vez de enfado ante los errores de nuestra pareja.
– Debemos tener en cuenta que el centro de nuestra vida debe ser el bebé pero también la pareja, no debemos descuidarla, tenemos que entender que el desafío no es de uno mismo sino de los dos. Donde estaban 2 ahora están 3 y es algo que hay que construir en común sin dejar al otro aparte. Este es un gran error que se paga con el tiempo. Hay que involucrar al otro en nuestra tarea de ser padre y madre. Hay que seguir disfrutando con el otro, hay que dejar momentos para la intimidad.

Si tenemos todo esto en cuenta, la llegada de ese hijo dará un nuevo sentido a la relación de pareja completándola y enriqueciéndola. En caso contrario será una fuente de desequilibrio muy importante en la relación. A nivel individual, la llegada de un hijo es un momento transcendental en el ser humano, un momento de inflexión, donde la vida de esa persona a nivel psicológico cambia y ese cambio le acompañará el resto de su vida.

Hagámoslo de tal manera que nos sintamos orgullosos del hecho de ser padres.

Alicia.

Puedes escucharlo en la «Escuela de Parejas» de Madrid Directo OM (101.3 FM 106)

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