Cómo romper la monotonía con mi pareja

– Yo es que no sé qué me pasa con las mujeres. Me enamoro de repente, lucho por ese amor, estoy detrás de ella día a día… hasta que me hace caso. Entonces me siento el hombre más afortunado del mundo. Sí creo que en esos momentos me siento pleno. Pero luego se me pasa. Cuando conocí a Ana, pensé que era especial, no se me pasaba el subidón, incluso le pedí que se casara conmigo, cosa que hizo. Pasaron dos años de matrimonio, llegó Alex mi hijo, pero…
– ¿Pero?
– Pues nada, que ¡me aburría!

(Historias de una agencia matrimonial, Lazos)

¿Tenemos un niño?, ¿compramos una mascota?, de esta manera, a veces, las parejas intentan superar la monotonía que se va instalando en sus vidas. Pero lógicamente ser padres o tener mascotas no son soluciones a nuestra situación, es más pueden convertirse en fuentes de disgustos e incluso causas de divorcio.Entonces, ¿cómo romper la monotonía con mi pareja?

Por supuesto viajes, regalos, una noche romántica son cosas que a todos nos vienen a la cabeza para romper la monotonía de la vida cotidiana. Google está llena de ideas, algunas sencillas y otras muy estrafalarias, de cómo sorprender a nuestra pareja. Pero eso que está bien para un momento determinado, no sirve si queremos dar un vuelco a nuestra vida sentimental.

¿No pensáis que podemos hacer un cambio en nuestros hábitos para que la ilusión se instale en nuestra pareja todos los días del resto de nuestra vida?

Veamos cosas que podemos hacer:

Dedicar un rato del día a conversar

sobre lo que nos ha ocurrido y nuestras preocupaciones o ilusiones. Lo mejor a última hora del día, con algo para picar y beber, solos, tranquilos y después podemos ver una serie que nos guste a ambos o ir a dormir pero con la paz de sentirte en compañía.

Un día a la semana hacer un plan distinto

que aguardemos con ilusión durante la semana. Por ejemplo salir a cenar los viernes, o al cine, o a tomar una copa, o a comer fuera o al teatro. Tiene que ser algo que se realice fuera del hogar para reencontrarnos de nuevo el uno con el otro como si empezáramos de nuevo en la relación. Redescubrirse.

Apuntarnos a alguna actividad semanal que nos guste a ambos.

Yoga, baile, deporte…una actividad en la que estemos en un grupo como pareja, donde podamos reforzar los lazos de la diversión y de la complicidad y donde tengamos una referencia para hablar sobre ella como pareja.

Dedicar tiempo a la intimidad en la pareja.

No es necesario cantidad sino calidad, es decir esperar el momento con ilusión, con ganas y entrega. Si no hay momentos buscarlos, e incluso pasar un fin de semana fuera con el objetivo de encontrarse los cuerpos, volver a sentirlos e incluso innovar con cosas o experiencias que la confianza y el conocimiento nos facilita.

Compartir vida social con amigos.

El disfrutar con iguales (no hombres por un lado y mujeres por el otro), refuerza los lazos de la amistad en la pareja. El divertirse de lo mismo y con los mismos nos hace ver al otro en su naturaleza pura, sin roles de padre o marido, sino de la persona de la que nos enamoramos.

Tener siempre una ilusión compartida, un proyecto por hacer, una motivación en pareja.

Esto puede ser un cambio de piso, de coche, un viaje al año que ilusione a los dos, un trabajo juntos, un acontecimiento importante en el que ambos participemos en los preparativos….., y esto debe existir siempre a lo largo de toda la relación.

Pongamos soluciones y mejoremos la vida en pareja, el resto… son parches.

Alicia.

Puedes escucharlo en la “Escuela de Parejas” de Madrid Directo OM (Tele Madrid)

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4 opiniones en “Cómo romper la monotonía con mi pareja”

  1. Esta es la gran cuestión del amor: la eternidad del amor. Entramos pues en la naturaleza humana y sus autoengaños y limitaciones. Para mi el error es esperar, sin más, sin hacer nada, que las cosas se mantengan como al principio, con fuerza y con magia. Todo depende, a mi juicio, de cómo se hizo ese amor desde el principio. ¿Era un amor profundo, basado en el pleno conocimiento, en la entrega absoluta, de total compatibilidad? ¿Y si, por no construirse bien, era un amor perecedero, con fecha de caducidad? ¿Y si estaba mal hecho, con materiales débiles, con averías?

    Falla la ambición. El amor debe ser eterno, o no durará. ¿Hablamos de todo y nos traspasamos el alma y el corazón cuando empezamos? ¿Nos llegamos a conocer y descubrir nuestros secretos? Malo si no lo hicimos, porque no habrá terapeuta ni viajes ni hijos ni nada que salve un amor poco ambicioso e insuficientemente profundo.

    Estoy de acuerdo en dedicar, a la noche, TODOS LOS DÍAS, cuando estamos solos, hablar de nosotros como pareja. No hay que hablarse de cómo ha ido el día y lo que nos espera mañana. No, hay que hablar SOLO de nosotros como pareja, de ti y de mi. ¿Te sientes Feliz? ¿Qué necesitas? ¿Qué más puedo hacer por ti? No hay que interrogarse, hay que ESCUCHARSE. Pero este tipo de diálogo tiene que ser tierno, no es para hacerse reproches, es para saber más de ti. Es para tomar notas de cómo voy a mejorar por ti. Tiene que ser un momento alegre, de risas y ternura. Este clima no es solo para esa hora de cada día. Eso es así todo el día.

    En otro sentido, hay un factor esencial en el poder del amor de la pareja. Es la dulzura. Para mi es la prueba del amor. Donde hay dulzura hay amor. Dulzura en el trato, dulzura en el diálogo, dulzura en la intimidad sexual, dulzura en mirarse…. Yo cultivaría la dulzura… desde el principio como seña de identidad y motor del amor. Solo hay dulzura si hay MUCHO amor.

    Y dos cosas más. Primero, tengo que preguntarme cada día ¿qué nueva cosa o acción puedo hacer hoy por ti? ¿cómo puedo hacerte más feliz? Y segundo, tener un sentido innovador, mejorar, cambiar un poco cada dia. El amor tiene que crecer o se muere. Lo que no mejora, muere. Los médicos dicen ante la enfermedad: lo que no mejora, empeora. Tanto hablar de innovación en las empresas o la tecnología, y nos olvidamos que la innovación está en nosotros, primero como enamorados. ¿O acaso no es el amor lo más importante de la vida?

    En fin, amar necesita para ser eterno dulzura e inteligencia.

    Gracias, Alicia. Me encanta este foro.

  2. Ay, parejas, siempre andáis buscando culpables, a veces la monotonía, otras la rutina. Pero no. Ya vale de excusas. Somos nosotros y perdemos el amor por estúpidos o falta de grandeza. Todo se funda en el principio. Hay que preguntarse: ¿Fue realmente grande nuestro amor al comienzo? ¿Estaba bien cimentado? ¿Nos llegamos a conocer realmente? ¿Fuimos sinceros, abiertos y completos al comenzar? ¿Éramos emocionalmente maduros? ¿Pensaba en ti o pensaba en mí? ¿Hablamos lo suficiente entonces, sin dejar zonas oscuras ni temas tabús? ¿Éramos verdaderamente compatibles? ¿Creamos un clima de absoluta libertad entre nosotros? ¿Llegamos a atravesarnos el uno al otro, hasta el fondo del alma? Y sobre todo, ¿conocimos la dulzura hasta consagrarla como el idioma de nuestro amor, que todo lo expresa y todo lo mejora e imagina?

    Tienes razón, Alicia, en la importancia de dedicar una hora al día a hablarse, solos, sin prisas. Y no creo que sea para tratar de cómo ha ido el día y esas cosas. Ese rato decisivo, natural, deseado y esperado del final de cada jornada es para hablar SOLO de nosotros, de tú y yo, como pareja, al margen de hijos, trabajo y otros asuntos comunes. Es para mirarte y escucharte, es para saber cómo estás como mi mujer/hombre, para conocer qué necesitas, para saber en qué puedo hacerte más feliz, o en qué te sientes colmado/a. Prohibidos los reproches, por favor. Es un rato de entrega y de escucha, un rato largo y en paz para hacerse más fuertes porque lo necesitamos, la cena del amor le llamo yo, preludio de toda dulzura de corazón y de cuerpo. Francamente, lo mejor del día, pura magia.

    La comunicación no es una solución, es parte inseparable del amor. No es un instrumento, es la pura esencia del amor, porque el amor escucha muy bien y es locuaz y no tiene miedo. Me apena el silencio que veo en las parejas cuando comen en los restaurantes o están en una terraza tomando algo. El silencio es la muerte. Es la agonía del amor.

    En mi opinión, Alicia, además de la “cena del amor” se necesita ambición y dulzura. Sí, ambición para creer con convicción plena que el amor tiene que crecer, ser más grande, mejor. ¿No hablan de innovar en las empresas y todo eso? Pues la innovación está en nosotros, en nuestra capacidad de ser mejores eliminando defectos y generando más virtudes. El amor nace y crece, y nunca muere. Esa es la ambición. No, no es una utopía romántica, es a lo que hemos renunciado por falta de ambición. ¿No es el amor lo que da sentido a la vida? Pues entonces hagámoslo cada día mejor, más bello, más auténtico, más grande. En ello nos va la felicidad de vivir.

    Y la dulzura, la ternura. La gran maravilla, lo que hace todo mejor, lo que desata tu imaginación, lo que convierte una crisis en una oportunidad, lo que te hace mejor amante y perfecto compañero/a. Hay que tenerla en el corazón y declararla patria absoluta de nuestras vidas.

    En resumen, y perdón por el rollo, el amor hay que ganárselo con la inteligencia del corazón y la dulzura que nos es propia por seres humanos. Hay que creer en lo mejor, y lo primero es creer en ti, que eres la/el mejor.

    Gracias, Alicia. Me encanta tu blog.

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